Fancine 2018. Crónica I

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High Life de Claire Denis con Robert Pattison - Fancine 2018

El Fancine – Festival de Cine Fantástico-Universidad de Málaga – ronda la treintena y, como diría aquel humorista, puede afirmar “estoy hecho un chaval” con su frescura intacta y su buen hacer campechano y cercano.

Aunque tuvo un arranque con cierta polémica – en estos tiempos que corren, nadie escapa a ellas –, desde el primer día de sesiones cinéfilas se podía vivir el ambiente fancinero de toda la vida gracias a la legión de cinéfagos malagueños y de otras latitudes, ávidos de emociones fuertes, sustos y casquería variada.

Para el que suscribe, que a punto está de cuestionarse la solicitud de ayuda estatal para la bilocación o clonación humana para poder visionar todo lo proyectado por el certamen, siente que esta edición está obteniendo un buen equilibrio en cuanto a los aciertos fílmicos de las distintas secciones, quedando en tablas la ya clásica torna entre el cine friki de toda la vida y las propuestas más cinéfilas con etiqueta de festival de autor, sin olvidar la ración triple de cine asiático, late motiv de la presente edición del festival.

En esta primera crónica repasamos algunos aciertos cinéfilos con alta carga de interés y curiosidad y, mal que nos pese, describiremos algún tropezón.

Mandy (Panos Cosmatos)

Mandy de Pan Cosmatos con Nicolas Cage - Fancine 2018

Tras el visionado de la última película de Panos Cosmatos uno rememora la famosa frase de El Halcón Maltés (The maltese falcon, 1941) en la que se define dicha estatuilla como “objeto creado con el material con que se fabrican los sueños”. Pero, en el caso que nos ocupa, sustituimos la estatuilla por un film y los sueños por el concepto de cult movie.

Porque, digámoslo ya, Mandy contiene material suficiente para considerarla película de culto desde el minuto uno. Y toda esa acepción proviene de su acertada y bizarra estética a caballo entre el cómic underground y lo mejor del cine de serie B de los años setenta y ochenta – referencias estéticas varias al incluir elementos que retrotraen al universo de Mad Max (id., 1979), el primer Wes Craven y los cenobitas que pueblan el mundo de Hellraiser (id., 1987) – y a un histriónico Nicholas Cage dejando claro que, si existiera el barroquismo en el mundo actoral, él sería el Lawrence Olivier en estas lides interpretativas.

Todo estos parabienes estéticos e interpretativos están magníficamente servidos a través de un estilo narrativo que apela a los sentidos en el que el oscuro y abisal score del tristemente desaparecido Jóhann Jóhannsson es pieza fundamental para engarzar los distintos elementos fílmicos de esta pesadilla de oscura venganza y llevarla al lugar de las películas de culto al que debe pertenecer.

High Life (Claire Denis)

 High Life de Claire Denis con Juliette Binoche - Fancine 2018

Vaya por delante una humilde confesión para el lector de estas reseñas: difícilmente diré algo negativo de Claire Denis porque la considero uno de mis fetiches cinéfilos.

Dejando claro este punto, abordar la propuesta de comentar el último film de la directora francesa es bien fácil. High life es una más que interesante película que engrosa la atractiva filmografía de una de las creadoras audiovisuales más importantes de las últimas décadas.

Denis, que con sus últimas obras parece jugar con los géneros cinematográficos aportando su particular punto de vista sobre ellos, ya sea en el terreno de la comedia romántica con Un sol interior (Un beau soleil intérieur, 2017) o el del thriller teñido de noir con Los canallas (Les salauds, 2013), ofrece en esta última película una suerte de ejercicio sci-fi “de auteur” que, si bien no es del gusto de un público al que se le pudiera considerar mainstream, conserva intacto su estilo magnético, enigmático y provocador, dejando para el recuerdo escenas como la performance erótica de Juliette Binoche, donde la fisicidad del cuerpo de la actriz y la hipnosis musical creada por Stuart A. Staples – habitual cómplice del universo de la directora – van de la mano para crear una de las escenas cinematográficas destacadas de este año, o el lóbrego baile de cuerpos flotando en el espacio exterior.

Y todo ello, sin olvidarnos de la labor de su protagonista, un Robert Pattinson que añade otro acierto cinéfilo en su carrera interpretativa dirigida hacia propuestas más a contracorriente y arriesgadas.

Ghostland (Pascal Laugier)

Ghostland de Pacal Laugier - Fancine 2018

No todo van a ser fantásticas luces y terroríficas sombras en la tierra de Fancine. También hay irregulares sombras que cuestionan a directores y provocan la mirada al reloj, por parte del espectador, cada cinco minutos.

Todo ello viene a colación del último film del Laugier, un supuesto homenaje a H.P. Lovecraft que acaba descafeinado como un café con leche vegana al ofrecer una propuesta de home invasion con ciertos giros de guion que pretenden aportar originalidad, pero crean cortocircuitos fílmicos de cierta previsibilidad y subrayado masivo.

Quizás, el problema del director estriba en haber parido Martyrs (id., 2008), film al que algunos fans del género más oscuro y tortuoso – entre los que yo no me incluyo – lo consideran pieza de culto, pero para el propio director galo, funciona más como listón alto al que siente la obligación de superarlo.

Muere, monstruo, muere (Alejandro Fadel)

 Muere monstruo de Alejandro Fadel - Fancine 2018

Una de las grandezas de un festival es la capacidad que tiene para descubrir al público pequeñas propuestas cinematográficas que se agradecen por su originalidad y atrevimiento.

Justo esas dos características podrían definir el último film del director argentino, una suerte de híbrido de cine de terror rural con criatura incluida y melodrama arrabalero de pasiones y triángulos amorosos al que se le vislumbran elementos referenciales de los universos de creadores inclasificables como Alejandro Jodorowsky o Carlos Reygadas.

Fadel consigue con Muere, monstruo, muere un filme plagado de escenas hipnóticas de ritmo pausado y, a la vez, tempo bien marcado que lo convierten en una arriesgada propuesta audiovisual – es de ley acentuar el magnífico trabajo sonoro del film – que no comulga con los códigos del género, factor que se agradece en este tipo de obras.

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